
La luz cenital despeja y elimina las sombras alargadas de pasado y futuro; despeja el juicio de las mismas proyecciones; de atavismos y consignas; de cátedras y gnosticismos; de usos y corrientes.
Una
seña de identidad.
La
larga sombra del tiempo se proyecta a nuestras espaldas prolongándose conforme el
sol baja y el día declina. Caminamos al encuentro de la noche.
Queda
en el recuerdo el día (o la vida) transcurrido (o transcurrida), la mayoría de
ellos (o de ellas) inexistentes, desmemoriados; días (o vidas) que jamás serán
redivivos cuando contemplemos (o contemplen) a nuestra espalda la larga sombra
del tiempo o de los cipreses.
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